sábado, 12 de julio de 2008

(DES)CONTROLES REMOTOS

(Des)controles remotos

Dicen que no hay nada más eterno que aquello que provisoriamente dejamos sin solucionar. Haciendo limpieza el mes pasado salieron de un montón de cajones y rincones decenas de controles cuya mayoría nunca había visto en mi vida y ni siquiera sé para que servían, si es que alguna vez sirvieron para algo. Todos reunían la misma característica de estar completamente oxidados y carecer de la tapita que evita la caída de las pilas. Hay uno en especial que data de la era precolombina, me parece que era del grabador de cinta GELOSO donde aún tengo guardado "El baile del ladrillo" en versión italiana de Rita Pavone que luego Violeta Rivas supo plagiar en el Club del Clan. Pero el único control que responde de mala gana cuando lo presiono mientras sostengo las pilas con 2 dedos se cayó al piso el domingo, y ni cambiándolas ni apretando los botones bien fuertes logré que obedeciera. Eso fue la gota que desbordó el vaso, así el lunes temprano le anuncié a mi esposa que iría a reparar todos estos controles de porquería( en realidad dije mierda) o compraría alguno nuevo, por lo que pidió acompañarme. Estaba claro que ella iría para una diligencia propia, no porque le interesara mi problema, que en realidad es nuestro problema pero en casa nadie se esfuerza demasiado por enfrentarlos y todos tienen la paciencia de Job para esperar que yo los solucione. Esto sucede con tantas cosas del hogar como la tapa de inodoro, rajada desde ni sé cuando y cada vez que voy al baño me pellizca la nalga izquierda, la silla del comedor con su brazo descolado, perillas del horno eléctrico extraviadas hace años, varias bombitas de luz quemadas en el dormitorio de los niños y también del living, lugares en donde cada integrante de la familia ha desarrollado la capacidad del murciélago para orientarse en la oscuridad antes de enfrentar la penosa y ardua tarea de recordar en avisarme. Se puede romper la tostadora, el secador de pelo, la aspiradora, la plancha, la radio etc., todos continuarán tranquilos y adaptándose sin problemas como si vivieran en las cavernas del Paleolítico. Cualquier noche de éstas llegaré a casa y seguro habrá una fogata en medio del Living para asar las palomas y gorriones que cazaron al mediodía con arcos y flechas. Otra cosa irritante es la computadora que usan sólo mis hijos, cuando la semana pasada traté de mandar un correo se me trancaba a cada minuto con rebelión del mouse y decenas de carteles informando una inminente explosión del equipo si no llamaba a Bill Gates en menos de diez segundos. Y al mismo tiempo apareció de repente otro aviso informando habían entrado más virus que al block quirúrgico del Pasteur y más troyanos que en Esparta la noche del rapto a Helena.
Tal vez suceda que estoy en un período de hipersensibilidad, pero ni bien subimos al auto comencé a notar cosas que hasta ese día ni me había percatado No soy misógino, no tengo prejuicios contra las mujeres pues han igualado y hasta superado al hombre en muchos terrenos, incluso al volante. Comienzo a manejar y apenas transcurren dos minutos mientras estamos conversando de bueyes perdidos, en la bocacalle a mi izquierda aparece un auto que realiza el mayor esfuerzo posible de garronearme para pasar por delante. Sigo hablando con naturalidad pero acelero y pego un toquecito de bocina haciendo prevalecer mi derecho obligándolo a frenar de golpe, por lo que ella me interrumpe lanzando el primer dardo envenenado: "¿No lo viste?" Traté de responder con voz calma, como si recién hubiese venido de charlar con el Dalai Lama: _No, porque según recuerdo del examen de chofer tengo prioridad ya que voy por la DERECHA (esto recalcado para cortar cualquier reacción). ¿Pero qué mujer va a aceptar perder o empatar una discusión con el novio, con el marido, o con cualquier ser humano sin importar el sexo? _"Me parece que estás manejando muy rápido". _ Porque estoy un poquito apurado… mi amor _ "¿Te pasa algo?, ¿Tenés algún problema que no me hayas dicho?" Ahí me sonó la alarma que la cosa se empezaba a complicar y si mi respuesta no la conformaba no sabía dónde terminaríamos, por eso decidí ampararme en la 5ª enmienda antes que se transformara en intercambio de reproches. Guardé silencio hasta llegar al Centro dedicado a analizar la inagotable cantidad de observaciones que metía a cada pocas cuadras: _"Cuidado con esa señora cruzando, ¿me imagino que la viste? No frenes tan de golpe que me mareo. Deja pasar al de atrás…. ¿Tenés prendidas las luces?, mira que esta lleno de inspectores multando por cualquier cosa….Guarda que la próxima esquina es peligrosa y hay un cartel de PARE". Yo intentando seguir sereno, sosegado, pero la clásica voz interior que nunca sé de dónde surge empezó como siempre a darme manija subiendo el tono dentro de mi cabeza con preguntas incisivas: "Che ¿hace 26 años te dieron la libreta por mérito o tuviste que coimear a alguien?, ¿desde cuándo tu mujer te perdió el respeto al volante?, ¿ya no sos aquel ídolo, más diestro incluso que Schumager? ¿No es ésta señora que tanto te reprocha la misma que al salir del garaje ha "besado" tantas columnas? ¿No recuerda acaso que ha recibido bocinazos al por mayor en varios semáforos por aprovechar cualquier momentito para pasarse rimel en las pestañas? ¿No será tal vez que posee un don especial similar al del pibe de Sexto Sentido y como aquel veía gente muerta ella reconoce a los incapaces para conducir autos?”
En la Casa del Control Remoto un deferente vendedor se acercó y en pocos minutos luego de que ambos habíamos repetido unas veinte veces la palabra control remoto, perdí la paciencia y fastidiado como nene chico ya quería retirarme. Mientras sacaba de la bolsa los controles que parecían más nuevos, su movimiento de cabeza y su mirada iban reflejando que no servían ni para adornar la casita de Barbies de mi hija. Sugirió como solución un control remoto universal, apto prácticamente para cualquier aparato electrónico que se haya fabricado a partir de la radio a galena. Con tanta cantidad de teclas juntas no me parecía nada práctico, pero él era el experto vendedor y yo el ignorante comprador así en forma tímida para que no pensara que dudaba de su capacidad le pregunté por otra opción digamos,.. más fácil de recordar. Sin escucharme, como si yo estuviera amordazado se largó a mostrarme las miles de funciones que poseía, lo sencillo de operar la tele, el cable, el video y el dvd desde un sólo comando. El precio era algo elevado pero aclaró estaba aprobado por la ONU, la NASA, la OEA, el PIT CNT y creo que nombró hasta el CASMU. Me convenció.
De regreso a casa, tras el fracaso de luchar con manos, dientes y patadas pude abrir el blister plástico sólo a cuchillazos histéricos como Norman Bates en la escena del baño de "Psicosis". El manual tenía el grosor de la Guía telefónica y venía en incontable cantidad de idiomas incluso me pareció verlo en jeringoso del afgano, así que resultó un martirio hasta llegar al "español". De inmediato fui al dormitorio para atacar la video casetera que no uso hace años porque la única película que me queda es "Aeropuerto 1977", y cada vez que pregunto en Blockbusters por algún estreno en casete me miran como marciano. Pero el motivo principal era poner en hora su odioso reloj que no deja dormir al prender y apagar cada un segundo marcando el número 12.00. Mirada rápida al manual. No veo nada, no entiendo un pepino, busco la lista de marcas, hay miles de nombres pero no está el de mi equipo (eso me pasa por comprar marcas Guau- Guau de importadores fantasmas). "Calmate, non calentarum, respiro, inhalo, exhalo, inhalo…, presión detente, no sigas subiendo por favor" Escondida allá abajo aparece Guau-Guau. Sigo las instrucciones, y como piden todos los manuales me alejo diez kilómetros de los niños, pongo pilas al control, mirando el dibujo apunto hacia la video casetera, aprieto un botón y se enciende una luz roja, parece que vamos bien, busco de nuevo en el interminable manual, debo meter el código respectivo. El código respectivo tiene cientos de números, casi todas las letras del alfabeto y creo que hasta dos signos del zodíaco. Empiezo a insertar, me pierdo por la mitad, empiezo de nuevo, no tengo los lentes, las letras son del tamaño de prospecto de remedios. Veo un número que no sé si es seis u ocho, me juego al seis, dejo apretado el botón rojo otro ratito, se supone que ya está. Intento encenderlo, no sucede absolutamente nada. Repito el proceso pero ahora pruebo el ocho. Al instante escuché desde la calle el estruendo de la tapa del contenedor de basura cerrándose de golpe, pero enseguida reaccioné que no podía haber relación con este control, por más universal que fuera. La video casetera muerta de risa y el 12.00 burlándose de mí como diciendo:
"Ahora estoy, ahora no estoy, estoy, no estoy…….."
Pruebo con el televisor, busco el código, meto todos los números y letras, apunto, espero, sigo esperando, y como cantan los croupiers del Casino: "¡No va más……. Cero!
El miércoles regresé a preguntar al vendedor porqué su infalible control se negaba a obedecerme. Aquel hombre tan agradable a la hora de recibir mi dinero no mantenía la mínima huella de simpatía, y por increíble que parezca me exigió la garantía como si nunca me hubiese visto antes. Ninguna recreación de nuestro diálogo anterior le recordaba mi persona. Me contó que nadie se había quejado jamás y que todos sus clientes estaban satisfechos con esos equipos de altísima tecnología japonesa (que raro, el mío decía made in China). Por supuesto que no pensaba devolverme dinero además de atreverse sin reparos a mostrarme otro control, bastante más caro pero de una potencia impresionante. Si quería lo podía dejar a chequear y él me llamaría algún día pero aclarando que en el taller tardaban bastante en revisarlo porque estaban tapados de trabajo, luego pasarían un presupuesto y tal vez en pocas semanas quedaría solucionado. La palabra "presupuesto" me cayó pesada, no la pude digerir, y por la bronca que estaba acumulando se me entraron a poner los ojos colorados imaginando mi llamada cada diez días y la misma respuesta que volviera a llamar en otros diez días. Antes de pasar a fase dos (puteada), jugué la última carta diplomática con el fin de retomar su simpatía y compasión, preguntándole si por casualidad tendría algún aparato que al presionarlo hiciera callar a la suegra y la dejara congelada un ratito, qué sé yo… quince minutos, o quince años. No le saqué ni una mueca y quedó mirándome con cara de poker. Al no tener con quién hablar pasé de inmediato a fase dos, pero el hombre inmutable ni se sintió amedrentado y caminó hacia el fondo dejándome puteando sólo.
Me retiré furioso lanzando incontables epítetos soeces contra él, contra la empresa y ya que estaba, en el paquete metí a cada uno de los fabricantes y vendedores de controles remotos de este y todos los planetas conocidos, incluyendo a HOME donde vivía E.T. Apenas encendí el motor llegó corriendo desde dos cuadras un ágil sujeto quien agitaba una varita roja cual director de orquesta sinfónica, pretendiendo cobrarme por haberlo vigilado a larga distancia. Le apliqué la recontra fase dos y me retiré sin darle un mango. Decidí volver a terapia tras varios años de haber obtenido el alta sintiendo que mi carácter estaba alterado y necesitando algún consejo salvavidas. El primer tema que abordé fue mi patológica dependencia nocturna a la tele, la compulsión de tomar el control remoto apenas me acomodo en mi sillón, y estando en casa ajena si no lo veo, rastreo con la mirada viniéndome en ocasiones el síndrome de abstinencia con ligero temblor de manos. La sicóloga sugirió otras opciones: leer bastante, jugar con los niños más seguido, ayudarlos con sus deberes, ir al teatro, al cine, charlar más tiempo con mi mujer, escribirse correos con amigos aunque sean estupideces intrascendentes. Sobre esto último le conté que cada día noto a la gente y a mi mismo con menos paciencia de leer correos que midan más de veinte renglones. Me confesó le sucede igual con sus correos.
Durante tres noches estuve intentando leer un libro pero no sé si por carecer del don de concentración o porque el tema resultaba poco atractivo me distraía fácilmente, y cada vez que retomaba la lectura aparecía un tal Morgan, una señora Clarence, el hijo de ella, por ahí llegaba cada tanto un mafioso llamado Brian y tres o cuatro personajes más. Yo nunca recordaba a ninguno, quién era pariente de quién, qué hacía Morgan que se pasaba todo el tiempo viajando por negocios no recuerdo si de armas, drogas, productos porcinos o dulce de membrillo. Clarence caía en depresiones muy seguido porque Brian la había dejado por otra y ella se reunía con su amiga Helen para que la consolara. Cada noche era un estrés regresar 20 páginas para entender la trama, y lo peor que al regresar volvía a distraerme A punta de pistola me llevaron al teatro, donde se suponía veríamos una obra que la crítica especializada elogiaba ampliamente. Allí logré hacerme amigo íntimo con todos los espectadores de mi fila, pues cuando despertamos al final saludé a cada uno diciéndoles que había sido un placer enorme haber dormido junto a ellos. Con los deberes escolares aguanté a lo sumo tres minutos de la primera noche, al quedar claro que mi hijo domina mucho mejor las operaciones entre fracciones, y tanto al Máximo Común Denominador como al Mínimo Común Múltiplo yo ni los recordaba aunque me hubiesen hecho juntas las pruebas del Pentotal y el Polígrafo. Cuando tocó el dictado del libro de inglés, ni bien leí dos frases mi hija menor empezó a reír burlándose por mi acento en cada palabra. En la liga de defensa al consumidor me dieron hora recién para dentro de seis meses, y como ya se me perdió la tapita del súper control universal no tengo idea qué comprobante voy a llevar para lograr que me devuelvan el dinero. Hoy puse todos los controles remotos en Coca Cola porque escuché el rumor hace años que era la solución para sacarles el óxido. Veremos si logro salvarlos antes que se vuelvan adictos, o descubra que tal vez los puedo recuperar con Pepsi, Fanta naranja o un buen tinto cortado con Sprite.

martes, 10 de junio de 2008

Fiebre de TV el sábado por la noche

Fiebre de TV el sábado por la noche
. Dadas las temperaturas de este invierno tan crudo, decidí no salir a ningún lado durante todo el fin de semana y dedicarme a “lechonear” como corresponde. Al igual que tantos montevideanos repiten cada 30 de abril, el viernes realicé la ceremonia de traer del supermercado suficientes alimentos como para sobrevivir dos años sin poner un pie en la vereda. Entre todas las porquerías bien cargadas de grasa, azúcar y ni que hablar de sal, volví a cometer el mismo error de hacía dos meses, pidiendo tres porciones de pascualina que a simple vista parecía fresca , además aposté a la gran rotación de productos por la cantidad tan grande de gente haciendo cola. Nuevo fracaso! Otra vez debí mandarme varias incursiones al baño, que ni siquiera las pude frenar taponeando con casi medio quilo de cuartirolo. A pesar de que tengo alta autoestima, gran riqueza espiritual, con miles de pensamientos filosóficos para discutir en profundidad conmigo mismo durante largas horas y así lograr transmitir conclusiones que le cambiarían la vida a tantas personas en el mundo, preferí lanzarme al sillón donde realizo el deporte que vengo dominando con maestría desde hace años: el zapping de laTV .Hay que reconocer que la modernidad nos trajo un montón de mejoras. Más opciones, más espectáculos musicales, más programas culturales, deportes variados, informativos, etc. Pero sin duda que los productores de TV del mundo están en declive y a los creativos se les van agotando las ideas, por lo que la reiteración de programas es prácticamente inevitable cada pocas semanas. Hay varios canales atractivos que aportan conocimiento en historia, medicina, noticias y fútbol. También le dedico tiempo a dos de ellos que enseñan sobre el comportamiento animal, aunque confieso ya me estoy saturando de ver tantas veces a los mismos leones “morfándose” a los búfalos, los mismos guepardos( cheetas) morfándose a las mismas gacelas, y a las hienas garroneándole a las cheetas su cacería o metiéndole el diente a cuanto bicho muerto haya entre los yuyos, mientras los mismos buitres de siempre que tienen pinta de estar contratados y en cualquier momento saludan a la cámara, se ponen en lista de espera para ligar cualquier sobra. Alguno por su aspecto y forma de arrancar las tripas de los cadáveres, me hacen recordar a tantos abogados de nuestro país. Pero son los argentinos quienes nos dominan con su invasión en la pantalla chica. Lo de Tinelli es muy bueno hay que reconocerlo, aunque se me ha vuelto tedioso por reiteración y lo peor es que en materia de entretenimiento liviano no hay mucha más opciones. Y volviendo a la carroña y a los buitres, hay varios programas rioplatenses que se dedican a denigrar a cualquiera y así lograr la burla general y tener algunos puntos más de rating para vender mejor el minuto de publicidad. De ellos, Mario Pergolini es quien sobresale en la lista. Casi el campeón mundial del mal gusto, la falta de ideas, del resentimiento y pegarle a quien sea, político o del espectáculo. Lo único que sabe es intentar descalificar a cualquiera que demuestre capacidad para algo, y ni que hablar del veneno que acumula contra Tinelli sólo por haber sido mucho más exitoso. Cuenta además con su equipo de alcahuetes que le siguen el juego haciendo lo mismo que la mayoría de quienes logran ponerse frente a una cámara: Lo que sea con tal de mantenerse en la TV. Un poco más abajo pero de la misma calaña le siguen Jorge Rial, (de cuarta), y esa mina de pelo rojo que da náuseas verla fumando habanos metiéndole el serrucho a cuanto artista se le cruce. Y si no hay a quien darle, ella y su mediocre equipo inventan cualquier pelea. La TV mejicana es menos atractiva que dormirse una siestita en la cama de un Faquir. Ni siquiera entiendo bien lo que hablan en los poquitos momentos que logro concentrarme dos minutos en algunos programas de variedades, porque los teleteatros se pueden ver sólo luego de haberse tomado medio litro de whisky acompañándolo con diez cigarros de marihuana y algún tecito de cucumelo. El canal español y el alemán están de relleno, no creo que cobren por la señal sino que seguramente pagan. ¿Y qué decir del italiano?, en el que las 24 horas del día esta parada una rubia vestida de fiesta dirigiendo no se sabe qué programa desde el centro del estudio, donde tres o cuatro ilustres desconocidos dialogan con ella mientras cientos de extras contemplan sentados, duritos como estatuas romanas y pobre al que se le ocurra abrir la boca. Además, tras muchos años de bodrios televisivos de la RAI a esos extras la única forma que pueden lograr meter al Canal es que si un grupo de matones contratados esperen agazapados a los transeúntes, y tras una emboscada meten a punta de pistola la cantidad de gente que precisan para llenar el estudio ese día.
Hace años me quedé sin paciencia para las comedias americanas de supuesto humor, esas que se oye la famosa grabación de risas cada pocos segundos y siempre me dejan pensando si no seré yo el único incapaz de captar los chistes. El año pasado traté de seguir a “Lost”, pero de inmediato me perdí por el camino. “24 horas” no me atrapó ni la primera hora, y no tengo ni suficiente tiempo libre ni ganas de competir con ningún habitante de este planeta por demostrar quién ha visto más capítulos de Prisión Break”. De CSI ya había dicho que resultó interesante al principio, pero varios empresarios de Hollywood notaron el filón, y así fueron surgiendo competidores de decenas de ciudades americanas. A esta altura ya ni recuerdo cuál es la original, quién resuelve mejor los crímenes, si los de Miami, New York, Las Vegas o San Gregorio de Polanco y me resulta aburrido que cuando está llegando el final de un capítulo, al no poder encontrar al culpable del asesinato, de repente a alguien se le ocurre traer esa lámpara azul a la escena del crimen y ella solita resuelve todo. La habitación está a oscuras, encienden la lámpara y allí donde hasta ese momento no se veía nada de nada, aparece más sangre que en lo de Castro – Gerardi. Vivo rezando para que no vuelva a surgir otro Reality Show, y que a nadie se le ocurra hacer un nuevo “Gran Hermano” en el que deba soportar llantos estúpidos carentes de contenido, y frases profundas cargadas de sabiduría tales como: “Soy un ganador porque siempre jugué a ser yo mismo. Agradezco a mis padres que hoy en día soy quien soy por lo que ellos me enseñaron”.
Sólo de pensar en las palabras “Confesionario” y “estás nominado”, o en el panel de falsos periodistas –sicólogos analizando a cada personaje ya me da chuchos. ¡Por favor, que el gobierno argentino proscriba a Marley , pida orden de captura y lo mande a juicio por “Intento de vaciamiento cerebral a la población rioplatense”! Durante el paseo digital por la pantalla, muchas veces quedo atontado frente a un partido de fútbol aunque sea en la división C de Rumania. En ese momento puede caer una bomba atómica que no me doy cuenta. No sé si a mi señora le molesta que esté disfrutando cualquier programa o en especial bronca al fútbol pues conoce mis debilidades y mi pérdida de contacto con la realidad. No espera a que termine el partido, cuando me nota bien compenetrado ahí se le ocurre venir a conversar de algo relacionado con los niños, o de la casa, o cualquiera de miles de temas intrascendentes para mí. Yo sigo ajeno, pero casi siempre mientras oigo las importantísimas palabras del comentarista, una voz femenina que parece familiar tenue y lejana comienza a invadir mi cerebro y a mezclarse con la del relato, aunque confieso jamás logré escucharla con claridad y generalmente respondo algún: “si mi amor” o “ahá” , a pura intuición nomás. Dándose cuenta de que estoy en Melmac, sigue hablándome pero se va colocando despacio con pasitos cortos frente a la pantalla sólo para ver como y cuánto reacciono. El invierno anterior traté de congraciarme y mostrarle que no soy tan vacío, y que sí podemos ver juntos cada tanto un programa interesante para ambos, (otro año más que sigo pensando cuál podría ser) Opté por el menos doloroso: “Desperate housewives”, mas a esta altura ya resulta poco creíble que a 4 mujeres comunes y silvestres les pasen tantas cosas malas en tan poco tiempo. Yo ni conozco quienes viven de mi propio edificio, mucho menos en la misma cuadra, e incluso me ha pasado de encontrarme con algún amigo que luego de 20 años sin vernos me entero tiene un apartamento en la esquina .Y estas minas se juntan todos los días para chusmear sobre vida y obra de cada integrante del barrio, quien sale con quién, quien dejó a la esposa por la amante , quien se fundió en La Bolsa y debe fortunas , los traumas de la infancia, etc. Al resto de los vecinos los vemos siempre en la rutina, todos laburan de lunes a viernes y se encierran a chupar cerveza frente a la TV( bastante mala) los fines de semana, pasean al perro, leen el diario, lavan el auto y justo cuando se ponen a manguerear el jardín, esté cuarteto de desesperadas los obligan a ser testigos de cuanto escándalo arman con sus maridos e hijos., todas con más problemas que un libro de matemáticas.
En el lado uruguayo, informativos de más de una hora en la TV abierta, todos repitiendo las mismas noticias que se podrían decir en diez minutos. Por lo tanto, ese sábado de noche sólo me quedaba era buscar alguna película en inglés subtitulada para tener la sensación como de estar en el Cine. Buscando en la revista de cable noté que la mayoría de los títulos ya los había visto o los nombres ni me sonaban conocidos. Cambiando de canales nada me llamaba la atención, todas iban por la mitad y no entendía un pito, así que me enganché con una policial de alto suspenso en el canal 10 en la que mataban 30 personas cada 5 minutos. Pero nuevamente un film que debería durar máximo una hora y media, comenzó a las 22hs y por compromisos con anunciantes terminó a la 1y 30 a.m. del domingo, esto me obligó a quedarme hasta el final porque no podría dormirme sin saber quién era el asesino. Así otra vez más a lo largo de toda mi vida volví a recordar la frase máxima que hace mucho tiempo esbozó aquel filósofo uruguayo y debería estar grabada en mármol con letras de oro en la puerta del Ministerio de Cultura:
”No soporto ver esos pedazos de películas cada 15 minutos que me hacen perder por completo el hilo de la tanda publcitaria.

miércoles, 30 de abril de 2008

CYBER 2, EL REGRESO

Sólo para distraer un poco la atención de la hipnosis colectiva que produce " Bailando por un sueño", quiero contar la segunda parte de la historia del Cyber -café , la cual se va a convertir en teleteatro en cualquier momento.
Estaba hoy de mañana en mi oficina y tuve que hacer en la computadora una impresión en color. Ya sabía desde hace semanas que venía saliendo ese cartelito de advertencia por problemas de impresora, pero siguiendo el estilo y la tradición uruguaya no le di pelota esperando que algún milagro recargara el cartucho.
Como de costumbre, apenas le di al mouse la orden, escuché un fuerte y odioso acorde de piano tipo Do menor acompañado de un anuncio que seguro salió desde lo más recóndito del disco duro:
-"GIL, NO TENGO TINTA NEGRA NI PARA HACERTE LA HUELLA DIGITAL DEL DEDO MEÑIQUE, ¿Y VOS QUERÉS IMPRIMIR EN COLOR? ANDÁ PA´L CYBER TARADO, Y NO MOLESTES MÁS".
Llegué, y como siempre lleno. Hay que ver lo que son los Cyber –cafés. En primer lugar ninguno vende café, tal vez alguna golosina, refrescos, y es común que sus propietarios no se preocupan demasiado por mantener una temperatura ambiente agradable. Además, por vivir en estas latitudes donde a nadie le entusiasma demasiado realizar jornadas laborales completas, estos negocios se han convertido prácticamente en centros de reunión para holgazanes. Así que si algún día me decido a abrir un Cyber, ya tengo decidido como bautizarlo:
“El atorrante feliz”.

(No hay café, no insista)



Como de costumbre antes de sentarme agarré una coca cola de la mini heladera que calienta perfectamente las bebidas( deberían más bien usarlas como microondas). Le pedí al chico me la destapara, esperando lo hiciera con la misma tijera que usó la semana pasada. Abrió su cajón, y por increíble que parezca sacó….. un destapador. Me emocioné.

Ni bien me senté frente a la computadora realicé un paneo de la gente a mi alrededor. Varios cibernautas en edad de tener que cumplir 8 horas para mantener sus hogares, sin el menor cargo de conciencia, con audífonos el los oídos se encontraban boludeando en Youtube con videos intrascendentes. Alguno movía alegremente su cabeza frente a un video musical.
Cuatro pendex, cuyos padres evidencian poco conocimiento de sus actividades, se encontraban en plena batalla disparando y matando soldados a lo que llaman " Juegos en red". Los miembros del grupo movían su teclado al mejor estilo del espía mandando mensajes Morse detrás de las líneas enemigas en aquellas películas de la segunda guerra mundial. Además a cada rato estos insolentes me pegaban bruto susto cuando se gritaban:
_¿Te maté?!!!
_ No, yo te maté a vos!!!
-Andá ladrón, yo te maté primero!!!

Todo esto mientras seguían descontroladamente apretando sus dedos, tal vez pensando que al resto de la humanidad nos había tragado la tierra. Lo que nadie me aclaró hasta hoy es que de verdad son juegos en red, pero de una red de pelotudos, mal educados y grandes candidatos a eximios alienados sociales.
También me llamó la atención varios/as adolescentes chateando con amigos y cagándose de risa sin cesar. Había uno en especial a mi lado que se le caían las lágrimas y hasta pensé le iría a dar un ataque en cualquier momento. Confieso que no aguanté mucho pues mi espíritu voyeurista me obligó a hacer la vicheta en su monitor, y aunque no vi ninguna frase de más de tres palabras, no logré entender nada de nada como si se estuvieran comunicando en idioma quechua. Lo único que pude rescatar fue que cada tres o cuatro garabatos el pibe escribía un jajajajajajaja junto a un redondo muñequito amarillo, mientras continuaba riendo desaforado. Quedé pensando que estos jóvenes deberían presentar sus divertidos diálogos en los programas humorísticos de nuestros canales de TV, así lograr levantar aunque sea un poquito el tan decaído nivel. Ni que hablar si se los enviaran a varios libretistas de Carnaval, quienes aún no se han dado cuenta lo bien que les vendría.

Para no estirarla más, abro mi correo, encuentro el archivo, doy la orden de impresión, voy a buscar la hoja, el encargado me dice que no puede imprimir color, que el cartucho le llegará recién de tarde y por supuesto que no sabe en qué Cyber de la zona podía hacerlo.

Vuelvo y cierro las ventanas de mi computadora, estoy pronto para levantarme cuando un icono especial me llama la atención. Decía algo así como Free sex junto a la foto de una mina desnuda, y de inmediato se produjo en mi mente lo que se conoce en psicología literaria como “La Gran Hamlet”:

¿Abrirlo o no abrirlo?, ese es el asunto.

Levantando la cabeza la giré en todas direcciones por temor a que alguien pudiera estar pendiente de mis movimientos. Hice click en los pechos de la mina y allí comenzó a producirse la debacle:
De entrada aparecieron las fotos y videos de varias chicas voluptuosas desnudas perfeccionando todas las poses del Kama Sutra junto a algunos partenaires masculinos muy agraciados por la naturaleza. En especial uno de ellos me llamó la atención al hacerme recordar el Péndulo de Foucault. De hecho el Péndulo de Foucault parece más bien un pequeño reloj Cu-Cú al lado de este muchacho.

Sin haber tecleado nada ni siquiera por error apareció de no sé dónde un cartel felicitándome por ser la persona número 999999999 en abrir esa página y por haber ganado nuevamente un crucero al Caribe para dos personas por seis días. Es increíble la suerte que tengo en obtener tantos premios cada vez que entro a cualquier página porno. Volvamos a aclarar que mi ingreso fue casi involuntario, como sin querer. No significa ello que ande navegando siempre para cultivarme con este material tan poco didáctico que lo único que logra es hacerme perder el tiempo…….cada noche.

Casi de inmediato se mete otro cartelito consultándome si deseo agrandar mi pene Por un instante quedé pensando en quién pudo ser el traidor que me había delatado en Internet, ¿acaso alguien del Club? Muevo el cursor, el cartelito me sigue. Lo muevo más rápido, el cartelito acelera como si tuviera vida propia o alguien me estuviera vigilando y lo trasladara a control remoto. Y hablando de vigilar, por el rabillo del ojo veo una sombra de una señora que desea sentarse a mi lado pero se queda como hipnotizada observando mi pantalla. Me largué a clickear todas las cruces para salir de allí al de cualquier forma. No sé si se cerraron algunas, pero en forma descontrolada comenzaron a abrirse otras páginas con más y más parejas, con más y más movimientos pélvicos, cada vez más y más rápidos mientras yo le rogaba al ser superior que los actores no sufrieran de precocidad. En microsegundos estaba exasperado, mi cerebro asaltado por millones de pensamientos que lo sobrepasaron, y sin saber como enfrentarlos:
_” ¿Por qué se queda mirándome justo a mi? Esta mujer seguro me conoce de algún lado y ahora va a tomarme por el rey de los pervertidos. ¿Y si es la madre de una compañerita escolar de mi hija menor y a partir de ahora no la deja venir más a los cumpleaños? Al salir no tengo dudas va a correr la bolilla a las otras madres para que tomen distancia de este psicópata. Ya me veo llevando a la nena a clase y todos los padres mirándome con rechazo y temor. Esto es terrible, ¿cómo le explico a mi señora a fin de año por qué nuestra hija quedó repetidora y no quieren reinscribirla?”.



El Mouse rebelde me ignoraba y ya no me respondía, ni le interesaba que estaba contra las cuerdas y desesperado por cambiar el contenido.¡¡¡Lo que hubiese pagado en ese momento por que apareciera el símbolo de Google, Hotmail, de remate.com, o aunque fuera La Cicciolina en bolas, quien frente a estas chicas parece más bien Jacinta Pichimahuída !!

La vecina seguía en su pantalla pero sin dejar de clavarme los ojos. La impotencia me condujo a buscar un escape de emergencia haciendo un gesto de contrariedad como de haber perdido un papel, así que disimuladamente me agaché al piso y apreté el botón de Power. Salvado.

Huí despavorido a alta velocidad del lugar caminando con paso firme y seguro, aunque cada tantos metros miraba hacia atrás por miedo que me estuviera persiguiendo el cartel para estiramiento del pene. Hoy me enteré que el Cyber más cercano para hacer impresiones color esta en Melilla.

lunes, 7 de enero de 2008

Regalo de reyes

Regalo de reyes:
No sé si fue Melchor, Gaspar o Baltazar, pero apenas averigüe cuál de ellos le trajo a mis hijos todos esos regalos tan complicados, sin vacilar lo agarro a patadas de inmediato. Cuando despertamos el 6 de enero reconozco el placer que me dio verles las caras abriendo paquetes frente a sus zapatitos. Esto duró pocos minutos ya que enseguida debimos salir a usarlos, la presión era enorme y además dentro de unos años yo no querría recibir una llamada del psicólogo reprochándome que fui la causa `principal de los mayores traumas infantiles, por ello mis hijos me odian y no permiten que vea a los nietos.
Parecería que estoy fastidiado por gran cantidad de obsequios, mas en realidad no fueron tantos. Para el varón, un cocodrilo inflable, un perro estilo futurista a baterías con control remoto, y varios Dvds truchos de Playstation.
Para la nena llegaron: un juego de ollas y cubiertos de plástico, la Barbie de no sé qué Isla atorranta, el disfraz de Cenicienta y un elefante inflable.
Esa mañana calculé que arrancarían con los chiches "terrestres", pero poco tardé en darme cuenta que grave fue mi error. A las 11 AM salir presurosos a cualquier lugar donde hubiese agua aunque fuera estancada para estrenar los salvavidas. Llegada, playa repleta, cargar sillas, sombrilla, la heladerita y bolsos a granel, arena mil grados quemarme planta de pies, los nenes alérgicos a colaborar ni siquiera llevando sus propios juegos, caminar 200 metros hasta encontrar un espacio de 2 metros cuadrados, clavar palo de sombrilla, poner sombrilla, brisa suave, sombrilla darse vuelta, pequeño aumento del Pampero(ese mismo que cada tanto acaricia a mi bandera) vuelo de la sombrilla, salir corriendo a buscarla, alerta general, reproches de varias señoras que había niños jugando, y un gordo morocho grandote con pinta de boxeador jubilado se paró de repente con ganas de volver a ejercitar sus puños sobre mi cara . Por suerte sombrilla no pegarle a nadie, frenarse un instante y yo lograr tacklearla. Las demás sombrillas firmes e inamovibles. Cavar agujero tan profundo que no poder sentarnos a la sombra. Tantos años después de haberlo escrito se me vuelve a cumplir una máxima invariable:
No importa el precio que pague por ella, mi sombrilla es la más débil del mundo. Siempre está dispuesta a actuar gratis en el video de la canción" por ti volaré", y su gran mérito es hacerlo aún sin viento.
Contra mi voluntad y pese a las protestas esposa untarme crema protectora factor mil ochocientos, quedé como la momia de Titanes desde el centro de la pelada hasta las uñas del dedo gordo.
Ponerme a inflar los bichos. Cuando iba por la mitad del cocodrilo comencé a notar cierto mareo y molestia en los cachetes (de la boca por supuesto), y luego de unas 40 exhalaciones profundas cuando casi estaba finalizando con el elefante comencé a sentirme exhausto, el oxígeno no me llegaba al cerebro, la cara se me enrojeció mientras empezaba a ver alucinaciones y estrellitas como si hubiese fumado un pucho de hashish. Todos al agua. Niños y bichos aguantar bien temperatura, yo congelado huir a la orilla. Hay algo que no puedo comprender pues la publicidad en la caja mostraba varios niños divinos y sanitos matándose de la risa tanto sobre el cocodrilo como en el elefante, ante la también alegre mirada de su madre. Habiendo heredado una falta total de paciencia no sé de quién, mis hijos no lograban subirse o perdían la estabilidad fácilmente y en menos de dos minutos se largaron a putear a los pobres animalitos. Bajo riesgo de infarto me metí al agua para ayudarlos pero con escaso éxito, por lo que deduzco los chinos hacen estos inflables exclusivo para jóvenes equilibristas profesionales del Circo de Pekín, y seguramente a los nenes les están apuntando con armas para que rían en la foto.
Para colmo de males, mientras ellos fracasaban en sus intentos bajo la axila del cocodrilo emanaban decenas de burbujas, lo que evidenció la clásica pinchadura que posterirmente fui a reclamar en la juguetería y supieron sacarme a patadas.
Volver a la sombrilla, tirar los salvavidas con desprecio en la arena, hijo mayor buscar perro electrónico, yo explicar que no es juguete para playa, él continuar como si nadie hubiese hablado. Perfecto, ¡qué bárbaro tener tanta ascendencia sobre mis hijos y qué devoción noto sienten hacia mí!. Esposa tratar de abrir control remoto y panza del juguete, tornillo phillips imposible de mover, meter llave, romperse llave, meter otra llave ( la llave rota era de mi placard así que nadie se hizo mala sangre) Entre el perrito más control remoto precisar en total 8 pilas AAA y batería de 9volts. Ahí recordé hace años el día que mi padre me llevó la Feria de Tristán Narvaja para comprar alguna mascota y me decidí por un canario. El pajarito era de un hermoso color amarillo y costaba apenas cien pesos, el problema era que la jaula valía mil quinientos. Resultaba evidente que el dueño se dedicaba en realidad a construir y vender jaulas basado en el elemental principio lógico: ¿A qué ser humano que precie de "normal" se le ocurriría comprar un canario y llevárselo en la mano? Entonces me quedó claro que el inventor de los perros robots gana fortunas, pero fabricando pilas.
Me senté a leer un libro que estaba por empezar hacía tres años cuando los nenes se largaron a repetir sistemáticamente el "vamos nos" cada tres minutos, sin prisa ni pausa como si se hubiesen tomado una pastilla de Torturol 40 miligramos. Resistí lo que pude pero no logré concentrarme ni en el final del prólogo. Vuelta al hogar, cargar los bolsos, sillas, sombrilla rebelde, al cocodrilo pinchado me lo puse de bufanda y al elefante lo enganché con el dedo meñique de la mano izquierda pues ningún miembro familiar mostró interés en desinflarlo. Buscar en el camino pilas y destornillador fue otra odisea, llegar a casa, hija ponerse a jugar con la Barbie. Sólo porque me llamó la atención la belleza y colorido de la muñeca, quedé observando la caja de presentación. Por omisión habían dejado pegada la etiqueta del precio, el cual consulté a mi esposa disimuladamente sin que se dieran cuenta los pequeños, poniendo mirada inquisidora, dientes apretados y ojos agrandados. Ante el movimiento afirmativo de su cabeza estuve a punto de armar escándalo, pero de inmediato me cortó el paso argumentando que lo había cargado a la tarjeta en 6 pagos.Es admirable como logra desde hace varios años encontrar tanto chirimbolo todos los meses para pagar en 6 cuotas
Sebastián me pidió que fuera a verlo lucirse mientras mataba villanos en el nuevo Dvd del Playstation. Sus dedos movían con maestría los botones del control a gran velocidad, parecía Wolfgang Amadeus frente al piano en aquellos memorables conciertos de su juventud, aunque cuando traté de participar haciendo algún comentario o preguntando el nombre del héroe, noté que mi presencia se había tornado irrelevante. Allí descubrí cierta virtud del organismo humano que estoy seguro aún no conoce ningún profesor de Anatomía: En el momento que se enciende el Playstation en la pantalla , de inmediato a los menores se les cierra los conductos auditivos y quedan aislados del mundo exterior. Ni el hambre ni la necesidad de ir al baño logran revertir esta situación (también comprobé que ello se repite en muchos mayores durante los partidos de fútbol mientras sus esposas intentan dialogar de problemas cotidianos)
Fui al sillón a descansar un rato cuando de pronto cierto pensamiento ingresó por algún recoveco y se apoderó de mi mente: Toda la horda de gente que vende Dvd truchos de Playstation los copian sin pagar un mango de derechos, y como el representante de la marca no toma ninguna medida, ¡¡vamo arriba que acá no pasa nada!!!. Pero el día que por estas latitudes caiga don Roberto Sony a cobrar royalties, seremos muchos quienes iremos a hacerle compañía a Bengoa , y creo que estaría bueno aprovechar el tiempo ocioso pidiéndole alguna martingala para la ruleta. Después de años ganando tanto dinero sin duda las conoce todas.
Volviendo a los Reyes Magos, el próximo año donde me traigan algún otro presente griego, contrato dos piqueteros que los esperen despiertos toda la noche portando un cartel que diga:"Wizards Kings go home", les dejo el recipiente con agua de Botnia, les hago encepar los camellos por la Intendencia y que regresen a su país a pata.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Yendo al Súper

Un amigo me advirtió cierta vez con sabiduría que nunca me pusiera a cocinar
ni sábados ni domingos. La razón es tan sencilla como obvia: El día en
que a uno se le ocurre dar una mano en el hogar, a partir de allí el resto de la familia lo
toma como regla para siempre y ya no hay marcha atrás ni escape posible.
Llegué a casa al siguiente sábado luego de haber cocinado el anterior y nada había para
comer. Tan sólo cruzar miradas con mi esposa alcanzó para leer su pensamiento:
_ "Dale haragán, apurate a preparar algo que los nenes están con hambre".
La frase me llegó clara sin necesidad que emitiera sonido alguno. Lo mismo me sucede cuando faltan provisiones, aunque una cosa es ir de compras el fin de semana que estamos más descansados y otra muy distinta hacerlo de lunes a viernes. El pasado miércoles sintiendo un fuerte agotamiento por la jornada laboral, no veía la hora de regresar a casa. Salí a toda velocidad pensando en el short, las ojotas, camiseta, y como era de suponer llamó mi señora al celular para que le diera una mano con el Súper. Tras el breve saludo empezó a nombrarme algunos artículos, pero en contados segundos ya había dicho decenas y parecía que nada la detenía. No entiendo como esperaba que yo pudiera escribir ese listado mientras iba manejando, tal vez apenas lograría recordar pocas cosas nada más, siempre basado en el principio que al ingresar a una edad en la que cada día siento más gagá . Muy bien, buena onda, ommm, no calentarum, tratar de estacionar a dos cuadras porque miles de esposas llamaron a sus maridos al mismo tiempo.
Luego de 13 años de haber escrito sobre este tema me doy cuenta de que quienes seguimos en el tercer mundo la evolución nos ha pasado por el costado. El único carrito que conseguí vuelve a ser el mismo de siempre, lo reconocí por la rueda delantera derecha trancada. Nadie se tomó el trabajo de arreglarlo pero él me esperó estoicamente todo este tiempo, y al verme entrar desde lejos me hizo una guiñada esquivando a otro cliente. Salí
raudamente a buscar mayonesa pero el muy arisco se encaprichó con el colorido y la variedad de frutas. Luchamos unos instantes hasta que logré imponer mi voluntad, si bien se resistió como potro criollo en las domas del Prado.

Del pedido original compré a buen ritmo lo poco que tenía en memoria e iba a intentar rajarme en diez minutitos. Olvidé decir que estar mucho rato en el Súper también se me convirtió en un fastidio mayúsculo. Y deseo expresar mi profunda admiración por aquellos que para comprar dos kilos de tomates aprietan uno por uno o golpean veinte melones hasta obtener el elegido, mansamente y sin urgencia o interés de regresar al hogar.
Llegué a Fiambres. Como de costumbre al querer sacar número me tocaba el
800 e iban por el 4, por eso siempre trato de llevar los productos envasados aunque no sean tan frescos. Sólo quedaba en stock un paquete de medio kilo de mortadela que si me la llevaba para copetín, la única forma de sacarle toda esa grasa sería llamando a Mister Músculo. . Me tocó el 802. Cada cliente haciéndose un surtido de lo más variado de fiambres y quesos, como si tuvieran la premonición de ese meteorólogo televisivo que aparece con pingüinos de peluche informando la inminente llegada de un Tsunami.
Para mi el tiempo transcurría a 16 revoluciones por minuto y ante la pregunta "¿qué más?" de la vendedora todos recordaban otra cosa para pedir, nadie se privaba de usar y abusar de su derecho con tranquilidad y paciencia. “Que revienten los que vienen atrás” es sin duda lo que sienten.
De a ratos yo dejaba viajar mi mente hacia ese balance diario que hacemos de la vida después de cierta edad, pensando en amigos de la escuela, del liceo, amigos de hoy, los conflictos de algún hijo, los problemas económicos cada vez más difíciles de solucionar, etc. Por las dudas, cada rato regresaba al mundo real creyendo que había pasado mucho tiempo, cuando en realidad habían atendido tan sólo a una o dos personas y la multitud de fiambreadictos seguía creciendo, así que me puse a ensayar mentalmente el pedido para evitar la futura presión popular. Hasta que le tocó el turno a un hombre distinto, de aspecto foráneo. No quiero extenderme pero no tengo otra opción que explicar lo siguiente: Siempre decimos que somos un país gris donde la gente en general prefiere pasar desapercibida en actitudes, en vestimenta,
evitar la farándula o aparecer en sociales de frívolas revistas. Pues este hombre se notaba por el acento que era centro o norteamericano, y por ende que poco le importaba el "qué dirán" ajeno. A viva voz y con un tono de silbato agudo muy próximo al La menor se puso a interrogar a la funcionaria sobre el grado de cremosidad de un queso Alpa respecto a otro de Claldy. Ahí la vergüenza ajena me dio un golpe eléctrico que recorrió todo mi cuerpo durante varios segundos Señalando la vitrina preguntó cuál de esos muzarella se fundían mejor, cuál tenía menos humedad, y si el Colonia de Conaprole era más salado que el Brasetti( juro que no estoy inventando). Al principio la pobre chica se largó a responder con la escasa información que poseía, tampoco percibe tan buen sueldo como para dar asesoramiento profesional. A medida que esa aguda vocecita la paseaba por todo el bolillero, estoy convencido que en cierto momento la chica se quedó sin repertorio y ya respondía con cualquier argumento. Se notaba que estaba apelando al cromosoma 16, y dentro del mismo al gran Gen Payador, ese que tantas veces hemos sacado a relucir en aquellos exámenes orales del liceo
Pero lo más curioso de este extranjero fue observarlo mientras esperaba le
cortaran 200 gramos de jamón. De pronto en los parlantes comenzó a oírse una melodía instrumental de Los Beatles. Demostrando haber gastado fortunas por años de terapia y que ya todo le importaba un bledo, el tipo se largó a cantarla desafinando con maestría, como si fuera uno de los famosos en la ronda de perdedores de “Cantando por un sueño” Segundo golpe de electricidad por todo mi cuerpo.
Había pasado casi media hora cuando increíblemente apareció mi número en pantalla, derrotado y con la guardia baja por la demora pedí 400gramos de cualquier jamón sin importar la marca y salí despavorido. De pronto recordé el pedido telefónico de Champú, ayudado también por dos cosas:
Desde hacía varias semanas venía rebajando con agua las pocas gotitas que quedaban de Pantén, y además mi señora me había dado su ultimátum por el Johnson & Johnson de los niños que tantas veces me había sacado de apuros. Una promotora de L´oreal me ofreció champú Elvive( seguro que el nombre era por homenaje al Ché Guevara).Lo llevé al toque sin fijarme si era para cabellos grasos, secos, débiles, dañados o teñidos. Igual ninguno me da el mínimo resultado y con todos se me sigue cayendo el pelo a lo bobo. Para finalizar esta tortura pasé por la sección limpieza donde estuve tentado en comprar esa esponja lustrazapatos tan práctica y fácil de aplicar, pero la razón me detuvo en seco. En los últimos 2 años he adquirido decenas de esponjas, ya ni sé cuál sirve y cuál no. Al no poder comprobarlo, no tiro ninguna por las dudas y hasta que encuentro la adecuada tardo veinte minutos por zapato para lograr un poquito de brillo
Por suerte había pasta dental en la punta de una góndola. La última que me quedaba no tenía ya más de dónde exprimirla y la del baño de los niños se secó hace meses pues siempre la aprietan en el medio y a nadie le interesa taparla. Mis hijos mayores, en lugar de colaborar yendo a comprar aunque sea un pomo, prefieren lavarse los dientes robando del mío. Como no acepto hacerle publicidad gratuita a ninguna marca de dentífrico desde esta página, sólo aclaro que agarré la cajita color rojo, esa que da la orden que me cuelgue. Me voy, chau, no aguanto más. Llegando a las cajas comprobé que continúa pasando el tiempo y nada cambió ni va a cambiar más. Intenté mandarme de garrón por la caja rápida, la cual sigue siendo la más lenta de todas, cada cuatro clientes la cajera se equivoca cinco veces y siempre está esperando a la esquiva supervisora con su tarjeta mágica para enmendar esos errores infantiles De un vistazo dos señoras paradas detrás se tomaron el trabajo de contar a toda velocidad los artículos en mi carro para denunciarme y quitarme como rival. La única caja con poca gente era la que le daba prioridad a la futura mamá, donde una chica en minifalda con colágeno en los labios, de aproximadas medidas 110- 60-90 y escote más que pronunciado ostentaba toda la pinta de cargar con un embarazo de máximo dos horas.
Antes de pagar volví a comprar una afeitadora para esconderla en mi mesita de luz. Las que dejo a la vista me las desafilan las féminas del hogar (esposa, hija, y hasta sospecho de la empleada)
Ya estaba más contento y billetera en mano sacando la última lata de arvejas, cuando me comí nuevamente el grito de “Precio”, así que a esperar con resignación al cadete llegando en cámara lenta. Llevó la lata… trajo el precio.. pagué, tiré a la basura esos cupones de sorteos de computadoras o viajes a Brasil porque llenarlos con mi dirección , cédula y teléfono es una tortura china.
Cargué las bolsas en la valija del auto y dejé el rebelde carro a un costado. A pesar del conflicto me sentí bastante satisfecho por su servicio, y ambos quedamos melancólicos por la separación mirándonos fijo durante algunos instantes. Pero así es la vida, cada uno debe seguir su camino, y mientras me alejaba mi última frase en silencio fue:
_ No te preocupes rengo, la semana próxima vengo a buscarte.

martes, 23 de octubre de 2007

EL PLANETARIO

Desde que empecé a escribir he tratado de no incluir ninguna palabrota, y tampoco ninguna de las tantas anécdotas escatológicas que me han sucedido a través del tiempo. Pero como hace mucho no hago terapia, porque en realidad nada importante me sucede, no tengo más remedio que dedicar unas líneas a ésta anécdota de hace tantos años. Quiero que sepan una vez más que los hechos fueron así, no quité ni agregué nada.
A pedido de muchos de ustedes voy a tratar de ser lo más escueto posible porque sabemos que no queda nadie en el planeta Tierra dispuesto a leer un correo que mida más de 20 líneas. Quien se aburra por la mitad, como siempre apretar el Delete y seguir con sus tareas habituales.
El Planetario
El año 1964, Escuela 189 de Punta Gorda, yo cursaba cuarto año.
Paseo programado al Planetario del Zoológico Municipal. Antes de subir al ómnibus, maestra informa a viva voz y en forma lenta que el paseo comienza y termina en la escuela. A nadie lo pueden venir a buscar antes, ni nadie se puede bajar antes en ningún lugar.
Llegada, sentarse todos los alumnos. Directora pedir silencio mientras el salón oscurecerse. Lucecitas simulando estrellas llenaban todo el cielo ficticio. Encargado del Planetario se puso a describir nombre de la estrella que representaba cada lucecita, acompañado para ello de una linterna señalizadora. No sé si por nervios o por algo ingerido durante el desayuno, comencé a sentir un movimiento sísmico dentro del estómago. Algo así como un volcán a punto de entrar en erupción, sólo que en dirección contraria. Me resultaba curioso pues yo no solía desayunar mucha cosa, además que casi nada me hacía mal, o por lo menos eso creía hasta ese día. Faltaba aún media hora para finalizar y lejos de poder concentrarme en las palabras del disertante, mi mente se largó a realizar el siguiente complejo cálculo:
Capacidad de aguante a las puntadas que producían el deseo de movilización intestinal, más rechazo a poner la colita en cualquier baño sucio, más la vergüenza que me daba informar a mis maestras que me estaba haciendo caca. A la ecuación debía restarle el tiempo que duraría la oratoria sobre las estrellas, en la cual cada minuto se me estaba transformando en horas.
No era fácil la decisión. No podía levantarme pues las autoridades escolares nos habían amedrentado con sanciones por mal comportamiento. Además yo estaba situado en medio de una larga fila de alumnos, todos apretados y casi sin espacio para caminar. Por otra parte, si hubiese hecho prevalecer mi impulso, de todas maneras no se veía nada y no sabría hacia donde ir. En algún momento sentí aflojarme, pero por suerte logré aguantar. Un accidente allí haría que me recordaran por varios siglos, incluso más que a la Vía Láctea.
Dada mi corta edad y por no haber conversado nunca hasta ese momento con alguna mujer casada, no sabía como serían los dolores de parto. Pero hoy tantos años después, no tengo duda que mis retorcijones cíclicos superaban de a poco a los de cualquier parturienta de quintillizos.
Final de la tortura “estrellística”. Encendido de luces, directora que nos hace subir rápido al ómnibus pues se había hecho tardísimo. Yo pedir para bajar en la esquina de mi casa, pero maestra repetir su frase tan bien estudiada:
_El paseo empieza y termina en la escuela
_ Pero señorita, necesito llegar urgente a casa (nunca entendí la razón por la que nos obligaban a llamar "señorita" a mujeres mayores ya casadas y con varios hijos)
_ El paseo empieza y termina en la escuela
_ Pero...
_ Em-pie-za y ter-mi-na en la es-cue-la, ¿qué parte de la frase no entendiste?
Más que una, tardamos dos vidas en llegar. Como correspondía pasamos a una cuadra de mi casa y estuve tentado en tirarme por la ventana. Aún con el frío invernal, yo sudaba cada vez más mientras me concentraba en el control de esfínteres, tomando especial recaudo de las curvas pronunciadas y las frenadas repentinas del inconsciente chofer.
No sé cómo pero llegué integro a la escuela, y desde la puerta del ómnibus hasta el baño bajé un récord mundial de velocidad para los cien metros en 9,72 segundos, el cual nunca fue homologado por el Comité Olímpico. A pesar de que este edificio era relativamente nuevo, sus arquitectos, o desconocían que se debe colocar inodoros en los baños escolares, o no les había alcanzado el dinero aportado por Primaria. Y al igual que en esos bares atorrantes que siguen pululando en nuestro país, donde hay que ingresar conteniendo la respiración por fragancias nocivas, los baños de nuestra escuela tenían el famoso pozo negro y un par de lozas a sus lados de tamaño igual a los zapatos del Yeti. Reconozcamos que para un varón, orinar allí resulta fácil. Pero hacer caca ya es cuestión de capacidad para mantener el equilibrio, cuadriceps y rodillas trabajados en un gimnasio para lograr reincorporarse, y por supuesto excelente puntería a distancia.
Por desesperación creo que no conseguí cumplir con casi ninguna de estas reglas. Si bien pude bajarme los pantalones a tiempo y ponerme en cuclillas, logrando una satisfacción inminente por la descarga, no había hecho la previsión para la limpieza post- caca. Ni un pequeño papel se veía en el lugar.
Giré mi cabeza en todas las direcciones, al estilo Linda Blair en
“El Exorcista” En ese momento me habría conformado con un cuaderno Tabaré, algún paquete vacío de cigarrillos, un trozo de diario,que sé yo, hasta una simple serpentina. Debí apelar a las hojas mimeografiadas que nos habían repartido en el Planetario, las cuales creo contenían información complementaria a la charla recibida.
Para coronar el mal día debía apurarme porque me esperaba la “bañadera” que nos llevaba a casa a diario. Apurado me levanté los pantalones, notando en el camino que una estela de excrementos casi líquidos había quedado depositada desde la altura del bolsillo hasta casi el talón de mi pierna derecha. Subí al ómnibus y me senté adelante, apretando la pierna contra el asiento. Al instante un ingrato olor profundo invadió todo el ambiente. No había sitio allí adentro donde se pudiera respirar aire puro, y ninguno de los niños se abstuvo de quejarse a todo decibel por el aroma reinante. Yo me uní a la chusma para ver si lograba desviar la acusación hacia otro sector del vehículo, tapando mi nariz con dos dedos igual que el resto. Al llegar a casa, me paré y giré para quedar de frente al resto y de espalda a la puerta. Bajé los escalones yendo marcha atrás, haciendo la gran Michael Jackson con su “caminata lunar” en la canción “Billy Jean”. Ni los otros niños ni el chofer me descubrieron
jamás (eso creo hoy). Entré a casa llorando al grito de “me hice”, y mi madre viendo el desastre me metió vestido a la ducha. Lo peor de todo fue que al otro día hubo un escrito sorpresa sobre lo que se supone debimos haber leído en las hojas mimeografiadas. Me comí flor de cero.
Tan sólo recuerdo que hay en las estrellas una Osa mayor y una Osa menor, además de las tres Marías, y hasta hoy en día sigo buscando dónde y cuando yo podría aplicar estos conocimientos tan valiosos sobre el Cosmos.
Una pregunta final para todas las maestras del país:
Queridas señoritas, cuando ustedes sienten fuertes retorcijones estomacales y se encuentran en el Planetario o en otro paseo escolar, ¿se aguantan hasta llegar a sus hogares, o van a cualquier baño por sucio que se encuentre?
¿No les parece también que a veces hay que ponerse en el lugar del niño y pensar que quizás sí se encuentra en una emergencia y le puede dar vergüenza decirlo? ¿Qué hablan los libros de Psicología, esos que ustedes estudian tanto para recibirse de maestras respecto a este tema?

domingo, 19 de agosto de 2007

Noche de la Nostalgia

Noche de la nostalgia
Lamento atentar contra mis principios al enviar demasiados mails seguidos, porque aquello que es exagerado satura rápidamente. Pero dada la fecha tan trascendente que se acerca para muchos, quiero que sepan les deseo a todos se diviertan al máximo el próximo 24 de agosto. Con ese mensaje y sin pretender ser un bajoneiro, debo informar públicamente que "La noche de la nostalgia" me tiene repodrido.
No se trata de boicotear, fue una gran idea en su momento y también disfruté de muchas fiestas a través de los años. Pero ya no aguanto más. Aquellos que me respondan contrariando este pensamiento, les comunico que respeto profundamente vuestras ideas, pero no pierdan tiempo en enviarme argumentos de cualquier especie, porque nada me va a hacer cambiar.
Un pequeño repaso de hechos que contribuyeron a este grado de saturación:
1) Me pudrió por completo que al llegar agosto todas las radios pasan oldies las veinticuatro horas, día tras día.
2) Se va acercando la fecha y de a poco me voy poniendo histérico durante la semana previa para ver si coordino con amigos que aún mantienen la tradición contra viento y marea.
3) Transcurren los días y se van agotando las entradas en todos lados. Una vez, por no haber comprado anticipadas para los sitios clásicos, terminé en el Centro de Remeros de Manga, donde los enganchados del Club del Clan marcaron el punto fuerte de la noche. Incluso vino a cantar Johny Tedesco, y hasta hoy me arrepiento por no haberlo encarado para dilucidar si los buzos se los tejían la madre o las admiradoras.
4) Arrancar a la una de la mañana. No sé ustedes, pero en mi caso aunque duerma una siestita de dos horas, a esa altura no tengo fuerzas ni para tararear La Bamba. No olvidemos que en casa hay hijos pequeños que sin importar a la hora que se hayan acostado, igual se levantan siete media, especialmente en domingos y feriados. En época escolar, durante la semana no hay forma de despertarlos y debo vestirlos mientras siguen dormidos.
5) De acuerdo, entre varios amigos ya me convencieron para salir. Mientras trato de conducir con cuidado, cientos de parientes de Gustavo Trelles que me pasan a doscientos por hora haciendo slalom en la rambla, como si estuvieran perdiéndose la final de “Bailando por un sueño”. 6) Llegar y estacionar a mil cuadras. Hacer cola gigante para entrar. Si llueve, a mojarse se ha dicho, porque con tanta gente bailando ¿dónde te vas a meter el paraguas? Y si dejás el saco en ropería, por más número que te hayan dado, las posibilidades de recuperarlo son muy remotas
7) Detesto que vaya donde vaya estén esperándome esos físico culturistas de cabello casi rapado, con micrófono portátil al estilo SWAT, camiseta tres talles más chica con la palabra SECURITY en el pecho para destacar los voluptuosos bíceps. Con el fin de justificar su trabajo buscan cualquier excusa y así poder sacar a alguien del culo pa´ fuera. Aunque no estés borracho, si por error pechás a uno de ellos te conviene más agarrarte a vos mismo de la solapa y tirarte por la ventana.
8) Cuando en la radio te prometieron "canilla libre" de algo, quedate tranquilo que al llegar sos boleta. Hay gente que no se mueve de la barra hasta desquitar tres veces el valor de la entrada. Si la canilla libre es de whisky, mejor llevate una petaca escondida, porque en lugar de Etiqueta Roja ocho años te van a servir "ANCAP dos semanas", y siempre bien rebajadito con agua. Ni que hablar que te meten en el vaso una piedrita de hielo igual en tamaño al iceberg que hundió el Titanic.
Luego de esa desmedida libación de espirituosos néctares, van apareciendo de a poco la horda de mamertos que buscan cualquier excusa para agarrarse a piñas con quien sea, y terminan tirados en el jardín de una casa lindera donde depositan a plazo fijo un surtidito de vómitos de indescifrables contenidos.
9) Como dato positivo rescato que es la única noche del año donde las personas de todas las edades se divierten, en especial los plus treinta, sin recibir la típica mirada inquisidora de los pendex como diciendo:
_¿Qué hacés acá abuelito?¿ a esta hora no deberías estar con el pijama puesto y entre las sábanas?
10) Hay algunos salones donde ponen dos pistas de baile. En una pasan música rápida y divertida, mientras en la otra sólo temas lentos. En esta última me produce vergüenza ajena ver parejas con pinta de estar casados hace muchos años, bailando apretados y chuponeando como si hubieran recibido cierta premonición Divina de que el universo finaliza al otro día.
11) No soporto ni un instante más en mi vida tener que cantar YMCA de Village People, en especial cuando llega el estribillo y bajan la música para que la gente pueda gritar UAI- EM- CI- EI, al tiempo que mueven los brazos para representar cada letra.
Lo mismo para todas las canciones de Saturday Night Fever, las que tenían un poder oculto e hipnotizante de hacerme imitar a Travolta cuando iba señalando con el índice a cualquiera en la pista de baile. De pronto yo salía del trance, notando que las personas que había señalado estaban mirándome en una mezcla entre ¿de dónde me conocés? y ¿quién será este alienado? ¡SOCORRO!
12) Por favor basta con Los Náufargos, Los Gatos, Los Iracundos o Donald con su "sucundún" y chequendengue". Por lo visto en las últimas ediciones, la cosa tiende a eternizarse con su hija, y ya imagino dentro de 50 años la publicidad de alguna fiesta de la nostalgia anunciando que vendrán los bisnietos a cantar “Las olas y el viento”. Que alguien le explique a Estela Raval antes de cruzar el charco que aquellos miles de adeptos en su época, casi todos andan hoy con bastones. Y aprovecho felicitarla por su privilegiada voz, pero también a informarle que ha sido explotada toda su vida por el coro que integran el marido y esos “Cinco ( fiolos) Latinos” que a veces ayudan con algún A-A-A-A o E-E-E-E de fondo para justificar el sueldo, pero no cantan un carajo. Tampoco me fumo más a esa multitud de grupos argentinos que supieron marcarnos a fuego en el "Sótano Beat" durante los setenta, pero hoy la mayoría de sus integrantes ya llevan muchas visitas al urólogo por control de próstata, y varios se han convertido en los mejores clientes de Johnson &Johnson. Un recado para Violeta Rivas: A pesar de los años seguís estando hermosa, pero ¡que suerte que esta noche no voy a verte!! . Esto me recuerda a la próxima vez que se aparezca a cantar Chico Novarro me gustaría hacerle la prueba del Carbono 14, y le pediría también me ayudara a sacar una duda que arrastro desde 1965:
¿Cómo se le ocurrió que al camaleón lo pudiera perseguir un grillo y para evadirlo se pondría amarillo? Si el camaleón es mucho más grande, y además dentro de su dieta, el grillo es uno de los platos preferidos
Para los que son un poco más jóvenes, recomiendo aprenderse la letra de las canciones de César Banana Pueyrredón, en especial con su tema principal, porque tras la palabra inicial del cantante, todos repetimos lo único que sabemos: Co-no-cién-do-te., y nadie tiene idea como seguirla.
13) Debo pedir un favor especial: Cuando ustedes estén bailando este 24 de agosto, si en un momento se oye "Hotel California" de Eagles y ven a alguien moviendo ambas manos en el aire como haciendo el punteo de guitarra, por favor péguenle un cachetazo de mi parte. Prometo que los voy a buscar a la Comisaría de madrugada y hasta pago la multa que sea.
14) Dejo como postre este mensaje a los Disjokeys, quienes desde hace un tiempo se hacen llamar DIYEIS. Todos ustedes me han superado y son una de las principales razones por las que me pudrí de la noche de la nostalgia, y en general de disfrutar de la música en lugares públicos. Cada vez que estuve en un acontecimiento bailable y le solicité respetuosamente a uno de estos elementos si pudiera pasar determinado tema, siempre logré fracasar con total éxito. Con los auriculares puestos movían afirmativamente su cabeza sin hablar, como mostrando sobrada capacidad para hacer dos actividades al mismo tiempo, aunque nunca me dieron la mínima pelota. Algunos, en un ataque de misericordia me decían que lo harían en pocos minutos, y yo ingenuamente esperando toda la noche que él, esa especie de superhombre de Nietzche se dignara a recordarme Pero no olvidemos que ellos de verdad creen que manejar los discos de pasta, o ahora los Cds y las luces es una actividad casi más importante que manipular material genético.
Por increíble que parezca, hace algún tiempo festejé mi cumpleaños donde yo mismo contraté un DIYEY quien se presentó como eximio profesional de la música. Para no estresarme, le entregué diez días antes una lista de melodías que me hubiesen gustado oír en la fiesta. Digo hubiesen porque no sólo no trajo la mayoría de los temas, (ni se tomó el trabajo de buscarlos) sino que además en un momento, al verse abrumado por mis reclamos en mitad de la reunión, el tipo se descontroló a los gritos y estuvimos a punto de irnos a las manos. Ahí descubrí que lo de eximio venía referido a que en el caso de su familia, el ciclo evolutivo de Darwin se había salteado algunas etapas. No pude detectar si fue por parte de padre o de madre.
El final resultó como el de los Orozco….bochornoso.